“ - Señor
mío, yo confieso que para ser del todo asno no me falta más
que la cola; si vuesa merced quiere ponérmela, yo la daré por
bien puesta, y le serviré como jumento todos los días que me
quedan de vida”.
(Miguel de Cervantes, 2ª
parte de Don Quijote de la Mancha)
Pepe
Fernández fue director de programas durante seis años y abandonó
la compañía apenas un mes antes del accidente. Aceptó una
oferta para dirigir una pequeña red de emisoras en las Islas Canarias. Aunque no le mejoraron las condiciones económicas buscaba un cambio de aires para no seguir sufriendo desprecios personales y ninguneos profesionales. Por eso, en cuanto recibió la propuesta no se lo pensó dos veces. Prefirió viajar lejos de su casa a seguir soportando una situación que le disgustaba. Quería probar fortuna en otra empresa en donde pudiera demostrar su valía
profesional y ser reconocido por ello.
-Me voy, Ernesto, no aguanto más aquí, le dijo a su amigo.
-No veo futuro. Por mucho que tengamos unos resultados estupendos y que don Cándido gane mucho dinero con el negocio. Nosotros no tendremos posibilidad de mejorar ni profesional, ni económicamente...
-Pero hombre, ahora que vamos a funcionar autónomamente te vas a marchar…
-No te lo creas Ernesto. Nunca nos va a dejar que desarrollemos y pongamos en práctica lo que sabemos. Él siempre hará lo que quiera. Somos unos peones de brega y cuando le parezca nos dará la patada de Charlot...y si te he visto no me acuerdo. Yo no quiero estar aquí para verlo, por eso me voy cinco minutos antes...
-Y te vas así de rápido, como huyendo…
-Sí, tú lo has dicho. Fíjate si me voy rápido que ayer firmé el nuevo contrato y hoy se lo he comunicado al jefe. Que por cierto, se ha quedado de piedra. No se lo esperaba. Pero es tan desconfiado que me ha exigido que le firme una cláusula de confidencialidad para que no revele nada...Para que así se quede tranquilo…
-¿Que has firmado qué, Pepe?
-Sí. No me digas lo mismo que me ha dicho Carlos, que soy tonto y que él no habría firmado nada...
-Hombre claro, opino lo mismo. Firmar qué, sin que te de un duro, con la pasta que ha ganado a nuestra costa…
-Deja, deja. Prefiero irme a las buenas de aquí, que este es capaz de amargarme la vida por donde vaya. No me fío nada…
-Pero precisamente si no firmas eso es cuando tienes las cartas en tu mano para que no haga ningún movimiento que te perjudique.
-No, yo creo que no. Que lo mejor es irme sin ruido, que él no quiera saber más de mí, ni yo de él…
-Ya veo, ya. Estás más quemado de lo que yo pensaba.
-No sabes cuánto Ernesto…No sabes cuánto.
-Me voy, Ernesto, no aguanto más aquí, le dijo a su amigo.
-No veo futuro. Por mucho que tengamos unos resultados estupendos y que don Cándido gane mucho dinero con el negocio. Nosotros no tendremos posibilidad de mejorar ni profesional, ni económicamente...
-Pero hombre, ahora que vamos a funcionar autónomamente te vas a marchar…
-No te lo creas Ernesto. Nunca nos va a dejar que desarrollemos y pongamos en práctica lo que sabemos. Él siempre hará lo que quiera. Somos unos peones de brega y cuando le parezca nos dará la patada de Charlot...y si te he visto no me acuerdo. Yo no quiero estar aquí para verlo, por eso me voy cinco minutos antes...
-Y te vas así de rápido, como huyendo…
-Sí, tú lo has dicho. Fíjate si me voy rápido que ayer firmé el nuevo contrato y hoy se lo he comunicado al jefe. Que por cierto, se ha quedado de piedra. No se lo esperaba. Pero es tan desconfiado que me ha exigido que le firme una cláusula de confidencialidad para que no revele nada...Para que así se quede tranquilo…
-¿Que has firmado qué, Pepe?
-Sí. No me digas lo mismo que me ha dicho Carlos, que soy tonto y que él no habría firmado nada...
-Hombre claro, opino lo mismo. Firmar qué, sin que te de un duro, con la pasta que ha ganado a nuestra costa…
-Deja, deja. Prefiero irme a las buenas de aquí, que este es capaz de amargarme la vida por donde vaya. No me fío nada…
-Pero precisamente si no firmas eso es cuando tienes las cartas en tu mano para que no haga ningún movimiento que te perjudique.
-No, yo creo que no. Que lo mejor es irme sin ruido, que él no quiera saber más de mí, ni yo de él…
-Ya veo, ya. Estás más quemado de lo que yo pensaba.
-No sabes cuánto Ernesto…No sabes cuánto.
Aquellas
palabras de su amigo, que conocía muy bien los entresijos de la
empresa, las tuvo siempre muy presentes. Ernesto se mostró a partir de entonces más cauto y desconfiado, a
pesar de las perspectivas tan halagüeñas que se le abrieron en ese
momento con su marcha. Las reflexiones de Pepe le habían abierto
los ojos y estuvo siempre muy atento.
Ascendió a ocupar despacho y tarjeta como nuevo Director de Expansión en una compañía que se
ponía como modelo en el sector. Sin
embargo para sus empleados ya no resultaba tan atractiva. Todo lo contrario, el desencanto llegaba enseguida.
Pepe
Fernández leía el confidencial en internet sobre el accidente de don
Cándido y las sospechas policiales sobre su intencionalidad
cuando le avisaron de la llegada del inspector Sánchez.
Estaban citados desde la semana anterior. El
inspector voló a las Islas Canarias y se presentó a la
hora acordada. Todos los gastos corrían por cuenta de la empresa
para la que investigaba.
Se
sentaron en la mesa de reuniones. Pepe, como siempre, no se anduvo con
rodeos. No esperó siquiera a los saludos de cortesía ni a las
preguntas de rigor sobre el buen tiempo de las Canarias en invierno o
al viaje en avión. Fue directo al grano inducido por lo que acababa
de leer en internet:
-
¿Tengo que suponer que soy sospechoso de algo...señor inspector?,
le soltó con sorna y en un tono muy ácido.
-
Hombre, no me sea tan suspicaz. Yo tan solo estoy cumpliendo con
mi trabajo, hablando con el personal y con antiguos
empleados, tratando de esclarecer algunos hechos. Porque usted era su
mano derecha hasta hace un mes ¿no es así?
-
Hombre, si lo quiere ver de esa manera…Era el director de programas
de una empresa de comunicación muy particular y personalista. No sé si ha conocido a don Cándido... porque, al final nos debajaba
muy pocas atribuciones.
-
No, no le he conocido...pero si me han hablado muy bien de usted...
- Por eso, continuó el inspector, me gustaría que me contase otros detalles o entresijos vividos en estos años en la empresa... Por si existe algún hecho que aporte luz a mi investigación.
- Por eso, continuó el inspector, me gustaría que me contase otros detalles o entresijos vividos en estos años en la empresa... Por si existe algún hecho que aporte luz a mi investigación.
-
¿No sé de qué manera puedo ayudarle…?, seguía a la defensiva.
La
conversación transcurrió por otros derroteros que no le agradaron, sobre todo cuando el inspector le insinuó si disponía de alguna coartada para la
noche del accidente. En ese momento Pepe saltó de su silla y le
dijo:
-Bueno, pues para que se vaya enterando estuve toda esa semana
de viaje por Europa. Tengo todas las pruebas que necesite
y si…
-Le repito- interrumpiéndole- que no sospecho de usted. Sólo quería tener una conversación amigable para conocer algunos detalles de personas que trabajaron en la empresa. Y sobre todo, lo que me pueda contar del detective privado que contrató para seguir al juez...
-¡Ah!, ¡va por ahí!, no le dejó terminar. Pues pregúnteselo al abogado de la compañía. Se llama Daniel Jiménez, no sé si lo conoce usted, volvió a lanzarle con ironía. Él es el que sabe todo sobre ese asunto... Yo sólo fui el que contactó con el detective. Me facilitaron un sobre cerrado, con su nombre, dirección y una cita para entregárselo.Y unos meses después, cuando me lo ordenaron, lo fui a recoger. Fui un simple correo y no tengo ni idea que contenía dicho sobre... Creo que se equivoca de persona. Además ya no me acuerdo de nada, le dijo otra vez con retintín.
-No me venga con tonterías, que no han pasado más que unos meses de aquella historia…
-Ya, pero no sé si sabrá que firmé una cláusula de confidencialidad de la que sólo puede liberarme don Cándido. Y creo que no está en condiciones de hacerlo en estos momentos. Así es que, si no quiere nada más…
-Bueno, me gustaría que pudiéramos hablar de Ernesto Navarro, que le sustituyó en sus funciones cuando se marchó y de Carlos Ferrín, el…
-Sí,sí... ya sé quienes son los dos. Unos compañeros estupendos como trabajadores y formidables personas. Con los que trabajé muy a gusto durante unos años, y a los que considero incapaces de hacer nada...Y, si no quiere nada más, creo que su tiempo se ha terminado y el mío también. Soy un hombre muy ocupado.
-Pero me gustaría…
-Adiós, concluyó Pepe mostrándole la puerta de su despacho.
-Le repito- interrumpiéndole- que no sospecho de usted. Sólo quería tener una conversación amigable para conocer algunos detalles de personas que trabajaron en la empresa. Y sobre todo, lo que me pueda contar del detective privado que contrató para seguir al juez...
-¡Ah!, ¡va por ahí!, no le dejó terminar. Pues pregúnteselo al abogado de la compañía. Se llama Daniel Jiménez, no sé si lo conoce usted, volvió a lanzarle con ironía. Él es el que sabe todo sobre ese asunto... Yo sólo fui el que contactó con el detective. Me facilitaron un sobre cerrado, con su nombre, dirección y una cita para entregárselo.Y unos meses después, cuando me lo ordenaron, lo fui a recoger. Fui un simple correo y no tengo ni idea que contenía dicho sobre... Creo que se equivoca de persona. Además ya no me acuerdo de nada, le dijo otra vez con retintín.
-No me venga con tonterías, que no han pasado más que unos meses de aquella historia…
-Ya, pero no sé si sabrá que firmé una cláusula de confidencialidad de la que sólo puede liberarme don Cándido. Y creo que no está en condiciones de hacerlo en estos momentos. Así es que, si no quiere nada más…
-Bueno, me gustaría que pudiéramos hablar de Ernesto Navarro, que le sustituyó en sus funciones cuando se marchó y de Carlos Ferrín, el…
-Sí,sí... ya sé quienes son los dos. Unos compañeros estupendos como trabajadores y formidables personas. Con los que trabajé muy a gusto durante unos años, y a los que considero incapaces de hacer nada...Y, si no quiere nada más, creo que su tiempo se ha terminado y el mío también. Soy un hombre muy ocupado.
-Pero me gustaría…
-Adiós, concluyó Pepe mostrándole la puerta de su despacho.
El
inspector salió de la oficina con muy mal humor y sin nada nuevo que le ayudase en la investigación.
Tres mil kilómetros y un viaje horrible en avión para volver de vacío. Hablaría con Daniel que no le informó de aspectos
relevantes que le habían dejado en una
posición ridícula frente a varios sospechosos.
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