“Un amigo hace sufrir tanto como
un enemigo”
(Proverbio árabe)
(Proverbio árabe)
El
director de personal estaba reunido con el abogado de
la familia, Daniel Jiménez, cuando les avisaron de la llegada del
inspector Sánchez.
- Siento
molestarles con mis preguntas en estos momentos pero necesito la
mayor información para iniciar la investigación.
Las
sospechas de que no se tratara de un simple accidente de tráfico
hicieron que Daniel presentara una denuncia en comisaría. El resultado fue que la policía
judicial ya se había puesto manos a la obra.
El responsable de personal le entregó una relación con los nombres de todos
los empleados, una breve reseña de su trabajo y alguna anotación
complementaria. Los teléfonos móviles figuraban debajo de cada
nombre. No eran más de treinta.
- Sí, son
todos los que trabajan en esta compañía, pues aunque es de ámbito
nacional, sólo tenemos centro de trabajo aquí en Madrid, se
adelantó a aclararle Daniel.
- Le estamos
preparando otro listado-continuó- con otros empleados
que ya no están en la compañía y que la abandonaron en circunstancias
conflictivas. Ya le dije que lo del accidente me parecía sospechoso. Le contaré
también el problema con nuestros socios “comerciales”.
No podemos dejar fuera ninguna línea de investigación.
Daniel
ya había mantenido una primera conversación con el inspector después que su
amigo de la Dirección General le presentara como el
profesional que podría resolver esta investigación. La
forma de actuar del abogado era la misma que la de su jefe herido. El
dinero todo lo puede y está para las ocasiones. Máxime en un
asunto de vida o muerte. Así
se lo había comunicado también Sofía, la esposa del empresario. Ella conocía todos los entresijos de las empresas. No en vano fue la que sostuvo, con los recursos de su familia, los
negocios incipientes y ruinosos de su impulsivo marido.
El
inspector se sentó junto a Daniel y empezó a leer la lista con los nombres de
los empleados. No encontró nada extraño salvo que
varios tuvieron problemas laborales. Que alguno estaba de baja y que
se habían producido varios despidos en los últimos meses. Tenía
por donde empezar. Ahora le
interesaba conocer la opinión de Daniel:
- Quiero que me diga por qué sospecha que no ha sido un accidente y que alguien puede estar interesado en acabar con don Cándido. Dentro o desde fuera de la empresa...
- Quiero que me diga por qué sospecha que no ha sido un accidente y que alguien puede estar interesado en acabar con don Cándido. Dentro o desde fuera de la empresa...
El
inspector le lanzó esta pregunta a quien se había
erigido en portavoz de la familia, con amplios poderes de actuación, que conocía todos los avatares de la compañía desde sus
inicios y que mantenía una estrecha relación de amistad con todos ellos.
El
abogado le contó a grandes rasgos cómo ganaron un pleito de
30 millones de euros a una empresa rival, de la que fueron socios
comerciales. Había directivos de aquella compañía con motivos para
desquitarse. Le facilitó sus nombres, aunque tendrían que esperar- le dijo -
hasta concluir otras pesquisas.
Podría resultar muy espinoso y con muchas repercusiones mediáticas.
No le dijo nada más, ni le mencionó el asunto turbio de un investigador privado que espió a un juez. Él mismo lo descubriría más tarde.
Daniel le manifestó que los sospechosos
podían estar dentro de la empresa o en sus aledaños por haber
sido despedidos en los últimos meses. Le contó los conflictos más
recientes con varios empleados de confianza y le remitió al jefe
de personal para que le diese sus últimas direcciones y teléfonos
de contacto. En concreto, le pidió que investigara a un
directivo despedido tres meses antes y cuyo juicio estaba señalado en unas semanas. Se llamaba Carlos Ferrín y que, según le recalcó, había participado decisivamente en los juicios en los que la
compañía obtuvo esos importantes beneficios.
Podría estar resentido porque con sus declaraciones e informes ayudó a ganar el pleito millonario y luego fue despedido por don Cándido.
También
le puso en antecedentes de la periodista Carla, a la que se le atribuyó una relación con el jefe y cuyo despido
provocó un escándalo en varios medios sensacionalistas. El asunto
estaba pendiente de juicio por acoso laboral y despido nulo porque la
familia se negó a pagar una indemnización elevada por taparlo
todo.
O de
cómo el último director general había dejado la empresa por
voluntad propia y de forma sorpresiva, para marcharse a
una pequeña empresa en las islas Canarias.
Conforme le relataba estos hechos el inspector fue consciente que el
asunto contenía más ingredientes que un simple accidente de
tráfico. O al menos que las circunstancias que lo rodeaban
presagiaban aspectos oscuros.
Su
primera tarea, una vez conocida la versión de los más allegados,
era hablar con todo el personal. Le esperaba una delicada tarea pues las entrevistas no debían levantar sospechas ni filtraciones. No en vano se trataba de profesionales de medios de comunicación y dispondrían de amigos periodistas en otros. Si el
asunto saltaba a la prensa se organizaría un
gran escándalo, al que se sumarían gustosos la
competencia.
Antes de
despedirse el abogado le reiteró al inspector que pidiese todo lo que necesitara, que no reparase en gastos para afrontar la investigación.
- Le
pagaremos los desplazamientos, comidas y estancias que le hagan
falta. Pásese por las oficinas y la secretaria le preparará un talón. Y no dude en solicitar
otro adelanto cuando le haga falta.
- Ah, y si requiere
algún despacho-concluyó-se le asignará uno para
que realice las entrevistas y gestiones que considere oportunas. Si le parece, cada día, a última hora nos vemos aquí para
intercambiar información.
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