miércoles, 17 de octubre de 2012

BESOS DALTONICOS (7)



                                 “Un amigo hace sufrir tanto como un enemigo”
                                                               (Proverbio árabe)




El director de personal estaba reunido con el abogado de la familia, Daniel Jiménez, cuando les avisaron de la llegada del inspector Sánchez.

- Siento molestarles con mis preguntas en estos momentos pero necesito la mayor información para iniciar la investigación.

Las sospechas de que no se tratara de un simple accidente de tráfico hicieron que Daniel presentara una denuncia en comisaría. El resultado fue que la policía judicial ya se había puesto manos a la obra.

El responsable de personal le entregó una relación con los nombres de todos los empleados, una breve reseña de su trabajo y alguna anotación complementaria. Los teléfonos móviles figuraban debajo de cada nombre. No eran más de treinta.

- Sí, son todos los que trabajan en esta compañía, pues aunque es de ámbito nacional, sólo tenemos centro de trabajo aquí en Madrid, se adelantó a aclararle Daniel. 
 
- Le estamos preparando otro listado-continuó- con otros empleados que ya no están en la compañía y que la abandonaron en circunstancias conflictivas. Ya le dije que lo del accidente me parecía sospechoso. Le contaré también el problema con nuestros socios “comerciales”. No podemos dejar fuera ninguna línea de investigación.

Daniel ya había mantenido una primera conversación con el inspector después que su amigo de la Dirección General le presentara como el profesional que podría resolver esta investigación. La forma de actuar del abogado era la misma que la de su jefe herido. El dinero todo lo puede y está para las ocasiones. Máxime en un asunto de vida o muerte. Así se lo había comunicado también Sofía, la esposa del empresario. Ella conocía todos los entresijos de las empresas. No en vano fue la que sostuvo, con los recursos de su familia, los negocios incipientes y ruinosos de su impulsivo marido.

El inspector se sentó junto a Daniel y empezó a leer la lista con los nombres de los empleados. No encontró nada extraño salvo que varios tuvieron problemas laborales. Que alguno estaba de baja y que se habían producido varios despidos en los últimos meses. Tenía por donde empezar. Ahora le interesaba conocer la opinión de Daniel:

- Quiero que me diga por qué sospecha que no ha sido un accidente y que alguien puede estar interesado en acabar con don Cándido. Dentro o desde fuera de la empresa...

El inspector le lanzó esta pregunta a quien se había erigido en portavoz de la familia, con amplios poderes de actuación, que conocía todos los avatares de la compañía desde sus inicios y que mantenía una estrecha relación de amistad con todos ellos.

El abogado le contó a grandes rasgos cómo ganaron un pleito de 30 millones de euros a una empresa rival, de la que fueron socios comerciales. Había directivos de aquella compañía con motivos para desquitarse. Le facilitó sus nombres, aunque tendrían que esperar- le dijo - hasta concluir otras pesquisas. Podría resultar muy espinoso y con muchas repercusiones mediáticas. No le dijo nada más, ni le mencionó el asunto turbio de un investigador privado que espió a un juez. Él mismo lo descubriría más tarde.

Daniel le manifestó que los sospechosos podían estar dentro de la empresa o en sus aledaños por haber sido despedidos en los últimos meses. Le contó los conflictos más recientes con varios empleados de confianza y le remitió al jefe de personal para que le diese sus últimas direcciones y teléfonos de contacto. En concreto, le pidió que investigara a un directivo despedido tres meses antes y cuyo juicio estaba señalado en unas semanas. Se llamaba Carlos Ferrín y que, según le recalcó, había participado decisivamente en los juicios en los que la compañía obtuvo esos importantes beneficios. Podría estar resentido porque con sus declaraciones e informes ayudó a ganar el pleito millonario y luego fue despedido por don Cándido.

También le puso en antecedentes de la periodista Carla, a la que se le atribuyó una relación con el jefe y cuyo despido provocó un escándalo en varios medios sensacionalistas. El asunto estaba pendiente de juicio por acoso laboral y despido nulo porque la familia se negó a pagar una indemnización elevada por taparlo todo.

O de cómo el último director general había dejado la empresa por voluntad propia y de forma sorpresiva, para marcharse a una pequeña empresa en las islas Canarias.

Conforme le relataba estos hechos el inspector fue consciente que el asunto contenía más ingredientes que un simple accidente de tráfico. O al menos que las circunstancias que lo rodeaban presagiaban aspectos oscuros.

Su primera tarea, una vez conocida la versión de los más allegados, era hablar con todo el personal. Le esperaba una delicada tarea pues las entrevistas no debían levantar sospechas ni filtraciones. No en vano se trataba de profesionales de medios de comunicación y dispondrían de amigos periodistas en otros. Si el asunto saltaba a la prensa se organizaría un gran escándalo, al que se sumarían gustosos la competencia.

Antes de despedirse el abogado le reiteró al inspector que pidiese todo lo que necesitara, que no reparase en gastos para afrontar la investigación.
- Le pagaremos los desplazamientos, comidas y estancias que le hagan falta. Pásese por las oficinas y la secretaria le preparará un talón. Y no dude en solicitar otro adelanto cuando le haga falta.
- Ah, y si requiere algún despacho-concluyó-se le asignará uno para que realice las entrevistas y gestiones que considere oportunas. Si le parece, cada día, a última hora nos vemos aquí para intercambiar información.


















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