“Yo no sé si
Dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi
duda”
(Mario Benedetti)
La
investigación de la policía municipal acabó una vez que redactaron
el atestado de tráfico y pasó a la brigada
criminal por indicación del abogado de la familia, Daniel Jiménez,
que había presentado una denuncia en comisaría por un presunto
delito de homicidio. Al abogado, conocedor de todos los entresijos de
las empresas, no le convencía la apariencia de accidente y
enseguida tuvo en su mente a varios sospechosos. Por eso, desde el
primer momento, contactó con un amigo en la Dirección General de la
Policía al que le pidió que le asignara un inspector de confianza para
que investigara todas las circunstancias del caso.
-Mira,
le dijo Daniel, ya sabes que don Cándido tiene amigos en el Gobierno y estamos muy interesados en que esto se
esclarezca rápidamente.
-No te
preocupes que te pondremos al mejor inspector que hay en
Madrid, muy discreto y eficiente. Está a punto de jubilarse y tiene mucha experiencia.
-Gracias. Y por supuesto que todo lo que necesite...Queremos resolver esto cuanto antes y sin hacer demasiado ruido. Ya
sabes que hay mucha gente que le tiene ganas y podrían aprovechar
las circunstancias para… Bueno, ya me entiendes, para sacar trapos
sucios pasados…
-Tranquilo
Daniel que haremos todo lo posible por resolverlo con rapidez y sin
que trascienda demasiado a los medios de comunicación.
El
informe policial recogía que hacia las 02,33 de la
madrugada del sábado se había producido un
atropello en el paso de peatones regulado por semáforo. No hubo
testigos del accidente, ni transeúntes ni conductores. Añadía que el vehículo causante del atropello se dio a la
fuga después de un fuerte impacto en la parte derecha y de pasarle la
rueda por encima del cuerpo. Se encontraron restos de un
faro y huellas de neumáticos que se estaban analizando. El estado
del peatón atropellado era de extrema gravedad y permanecía en coma profundo.
Así
de escueto fue redactado el atestado ante la falta de otros datos que
lo complementaran. La policía realizaba las pesquisa
para identificar el modelo de vehiculo, su
matrícula y la identidad del conductor mediante la supervisión de
las cámaras de tráfico instaladas en el mismo cruce.
Ni siquiera el chofer que acababa de
dejar a don Cándido en la acera opuesta a su casa pudo ver el accidente. Se apresuró en
continuar al garaje y marcharse. Acumulaba más de catorce
horas seguidas trabajando, era viernes de madrugada y quería irse a
descansar. De hecho Lucio, el chófer, no se enteró de lo ocurrido
hasta la mañana del domingo cuando fue a buscarle para ir de caza a
una finca de Cáceres. Durante el año que conducía a su servicio no se había
retrasado en ninguna de sus citas. Era un hombre
muy metódico y puntual.
Pero
esa mañana, después de esperar más de un cuarto de hora con el
vehículo en doble fila debajo de su portal, se extrañó. Llamó a su móvil y no lo cogió. Le
pareció muy raro pues llegarían tarde y don Cándido no
faltaba a sus citas. Y menos a una montería a la que acudirían
políticos y empresarios muy influyentes. Le había escuchado conversaciones por teléfono en el coche y comentarios sobre el
evento durante toda la semana.
Por
fin se decidió a llamar a su domicilio. Descolgó el portero automático su hija Verónica quién le invitó a subir. Todavía le pareció más extraño porque en los meses que llevaba
trabajando a sus órdenes nunca le habían hecho ese ofrecimiento.
Subió
en el ascensor y al llegar al tercer piso le esperaba su hija con
la puerta abierta. Le hizo pasar al salón. Sorprendido por tanta amabilidad y sin tiempo a mediar una
palabra Verónica se le echó a llorar en sus brazos, sollozando y sin que
comprendiera qué quería decirle.
-
Mi padre está muy mal Lucio, le dijo entre lágrimas.
-
No sé si saldrá de… Está en coma en el hospital. Le atropelló
anoche un coche cuando venía a casa.
-
Pero como es posible, si le dejé en la puerta…balbuceó Lucio sin
saber qué decir en esas circunstancias.
Verónica era una joven muy atractiva de veinte años, morena, con el pelo largo y de ojos verdes claros. Siempre elegante, vestía modelos muy caros, de marca, propios de nuevos ricos. Ahora Lucio la tenía entre sus brazos mientras olía una fragancia intensa a rosas que exhalaba de su ropa. Ni siquiera llegó a abrazarla, no sabía donde poner sus manos, y era ella la que le rodeaba en un impulso en busca de protección.
Verónica era una joven muy atractiva de veinte años, morena, con el pelo largo y de ojos verdes claros. Siempre elegante, vestía modelos muy caros, de marca, propios de nuevos ricos. Ahora Lucio la tenía entre sus brazos mientras olía una fragancia intensa a rosas que exhalaba de su ropa. Ni siquiera llegó a abrazarla, no sabía donde poner sus manos, y era ella la que le rodeaba en un impulso en busca de protección.
En un instante, sin más tiempo para disfrutar el momento, sonó el
timbre del video portero situado en el vestíbulo. Verónica se soltó
bruscamente y se dirigió a descolgar el telefonillo.
- Sí, quién es...
- Hola, soy el inspector Sánchez. Vengo para hablar con la familia de don Cándido de Blas.
-Adelante,
suba por favor, le dijo Verónica mientras se acicalaba el pelo y
se secaba las lágrimas con un Klinex.- Sí, quién es...
- Hola, soy el inspector Sánchez. Vengo para hablar con la familia de don Cándido de Blas.
El
inspector llegó enseguida y tras ser recibido por la joven que le
dio dos besos pasó también al salón en donde aguardaba Lucio. Una
habitación de gran tamaño con dos sofás muy cómodos, una
chimenea y presidida por una escultura que
parecía de mucho valor. Le presentó a Lucio que le estrechó la
mano, todavía desconcertado por lo que acababa de vivir.
- Siento
mucho lo sucedido señorita, dijo el inspector Sánchez. Desde
este momento estoy a disposición de ustedes para esclarecer
las circunstancias de este desgraciado accidente.
- Muchas
gracias inspector. Mi madre no se encuentra en casa. Está en el
hospital. ¿Qué necesita saber o con quien
quiere hablar?
-
Quisiera contactar con alguien de la empresa lo más rápidamente
posible para que me facilite información de los nombres y datos de
los empleados para comenzar la investigación. Aunque sea domingo me
trasladaré al centro de trabajo o donde me digan y me
pondré manos a la obra. No le quiero molestar más.
- No es
molestia, muchas gracias. Si quiere, Lucio, que es el chofer de mi
padre le llevará a las oficinas y le pondrá en
contacto con el jefe de personal para que le facilite toda la
información que precise.
- Muchas
gracias. No la molesto más. Si necesita alguna cosa no tiene
nada más que llamarme. Este es mi teléfono.
Le
entregó una tarjeta de visita y abandonó el domicilio. Durante el
trayecto a las oficinas el inspector le sometió al primer
interrogatorio de los muchos que iba a realizar a todos los
empleados. El
chofer fue la última persona que estuvo con él apenas unos
segundos antes del atropello. Le contó que no había visto nada pues se metió
muy rápido al garaje para aparcar el coche. La entrada se encuentra junto al semáforo en
donde se apeó don Cándido, enfrente de su domicilio. Después se marchó enseguida, sin enterarse
de lo que había sucedido, por la salida del subterráneo que daba a otra calle.
-¿Cómo
es posible que no viera nada si la entrada al garaje está muy cerca
del lugar de los hechos?, le inquirió el inspector mientras se
dirigían a las oficinas de la compañía.
-Muy
sencillo, de dijo Lucio en evidente estado de nerviosismo. Porque
estaba muy cansado y me marché rápidamente. Llevaba más de
catorce horas de servicio y tenía prisa por irme a casa. Le dejé
en la puerta del garaje, como siempre...,continuó sin darse un
respiro. Y mientras él se disponía a cruzar la calle yo entré en
el garaje. Dejé aparcado el coche en su plaza y me llevé
el mío estacionado allí. Como la salida es
por otra calle, no me enteré de nada. De hecho hasta esta mañana
no he tenido noticia... ¿Es que sospecha de mí?, se revolvió
Lucio.
-No,
claro que no. Pero me sorprende que me diga que se bajaba y cruzaba
la calle, como siempre a pie. ¿Por qué no le dejaba en la puerta
de su casa que está enfrente y así no tendría que cruzar toda la calle
con
ese semáforo tan peligroso y con tanto tráfico?
-Pues
porque había que dar toda la vuelta a la manzana para volver a entrar
al garaje y él me había ordenado que lo hiciera de esa manera. Y así
lo hacía siempre...-Ah, ja,ja, carraspeó el inspector. Y esa costumbre la conocía más gente de la empresa, además de usted.
-Pues no lo sé..., dudó en principio. Yo hago lo que me dice el jefe y a callar. A nadie se lo he dicho, pero…bueno más de un directivo ha viajado con nosotros y se han bajado en este mismo sitio. No me parece... ¿por qué lo dice?
-Por nada, por nada, quiso zanjar el inspector. Y dice que varios directivos han viajado algunas veces con don Cándido y se han bajado en el mismo lugar. Dígame quienes son, por favor…
Lucio
le facilitó los nombres de todo el staff directivo y de su secretaria
personal. El inspector Sánchez los anotó en una libreta que llevaba en el bolsillo interior de la
chaqueta. Al sacarla, le permitió entrever por el espejo retrovisor
una funda de cuero marrón con un revolver cerca del pecho.
Continuaron el viaje por la M-40 en dirección a las nuevas oficinas
de la compañía. Había muy poco tráfico en esa mañana soleada y
fría.
Aunque
era domingo el accidente había alarmado a los empleados que vivían
en la capital y avisados por el director de personal se encontraban en
sus puestos de trabajo. Sólo faltaban los que residían fuera de la
ciudad que hasta el lunes no se incorporarían. La noticia se
propagó ya rápidamente pues en lo boletines informativos no se dejaba
de contar cada hora, con los partes médicos que facilitaba el
hospital. Las muestras de apoyo
también se sucedieron. El director general se puso al frente del comité de crisis. Solo faltaba
Ernesto que no respondía en su móvil.
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