“El día en que lo iban a matar
Santiago Nasar se levantó a las 5,30 de la mañana.
Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde
caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el
sueño…
(Gabriel
García Márquez, Crónica de una muerte anunciada)
Las
anotaciones inocentes sobre los viajes y las anécdotas en el
trabajo dieron paso a reflexiones sobre cómo
organizar y planificar la muerte de su jefe. Una idea que le estaba obsesionando cada
día más, fruto de los acontecimientos que acumuló en el último
año.
Tiene la
costumbre de cruzar el paso de peatones enfrente de su casa, mientras
el chofer aparca el Audi en el garaje. ¿Cómo hace un daltónico para
no equivocarse y cruzar en rojo, creyendo que está el semáforo
verde? ¿Y si un
coche le atropellase en ese momento y se diese a la
fuga?¿Pasaría por un accidente más? como de los que se producen en las grandes ciudades cada día. Entonces,concluía en su diario, mis problemas y los de mis
compañeros se habrían acabado.
Para
llevar a cabo esta idea tendré que
buscar un coche ajeno y no dejar pistas de que me
encuentro en Madrid ese día. Lo haré un fin de semana, cuando se supone que estoy en Málaga. Y utilizaré otro medio de transporte, el Ave
quizás, para volver cuando haya ejecutado el plan.
Unos dias más tarde seguía escribiendo en su diario:
Unos dias más tarde seguía escribiendo en su diario:
El
vehículo ya lo tengo localizado. El de mi amigo Carlos, un viejo Renault 19 que apenas utiliza y que lo esconderé para que pueda denunciar su robo y disponga así de una coartada. Me haré con una copia de sus llaves y lo moveré a otra zona de la ciudad para que crea que se lo han robado. Finalmente,
cuando lo atropelle lo abandonaré con
las ventanillas rotas para que lo encuentre la policía.
Iré en
el Ave a Madrid, el viernes por la noche. Los billetes lo
sacaré por Internet que deja menos rastro y no tiene controles de identidad como el avión. Regresaré en el primer Ave de la mañana siguiente. Para disfrazar todo organizaré unas reuniones de trabajo en Córdoba, el viernes por la tarde y el sábado por la mañana. Me
registraré en un hotel que conozco próximo a la estación del Ave y cogeré
el último tren a la capital de España. Regresaré al mismo hotel y estaré de vuelta hacia las 8 de la mañana siguiente. Luego, tras una nueva reunión, me volveré a Málaga en donde mi mujer
e hijos confirmarán que pasé el fin de semana con ellos.
El plan trazado por Ernesto en su diario lo repasó una y otra vez para no dejar
ningún cabo suelto. Lo tenía todo preparado hasta conocer que don
Cándido tuviera una salida nocturna, en un viernes y sin compañía...Cuando se enteró que ese viernes sería la entrega de los Ondas supo que había llegado su hora...Porque de Barcelona
volvería de madrugada y entonces estaría esperando para realizar
su acción homicida. La suerte estaba echada: compró los billetes del Ave por internet de Códoba a Mádrid y vuelta; y encargó a Sofía que hiciera las reservas del hotel y los billetes de Málaga-Códoba y vuelta.
Ese viernes por la mañana abandonó el
apartamento antes que lo habitual. Se levantó muy pronto, apenas pegó ojo en toda la noche. Estuvo varias horas rompiendo en mil pedazos cada hoja de su diario. Le invadió un sentimiento nostágico y de pena mientras hacía añicos las casí cien páginas que componían ese bloc. Destruía la historia escrita de su vida, su trabajo y sus recuerdos de los últimos seis años y que fue su mejor compañero en sus viajes solitarios. Pensó quemar los trozos pero no encontró una manera sencilla y limpia de hacerlo sin provocar una humareda en el apartamento. Bastaría con tirarlos a la basura y los metió en una bolsa con restos de comida que dejó preparada en la puerta, junto a la maleta.
Al salir a la calle el portero de la finca, siempre atento a las entradas y salidas del inmueble, le saludó detrás de los cristales de su garita:
-¡Qué !¿a trabajar?, le dijo.
-Sí, pero me voy a Málaga...y por la tarde estaré en Córdoba. Ya sabe, viajando siempre de aquí para allá...
Tiró la bolsa de basura al contenedor situado enfrente del portal y esperó con la maleta a que llegase Lucio para ir al areopueto. Había huelga de taxis, llovía y aprovechó que el jefe se había ido a la ciudad Condal para pedirle que le hiciera ese favor. Le serviría también de coartada.
-Hoy me voy antes a Málaga porque esta tarde tengo una reunión de trabajo en Córdoba, le dijo para que lo retuviese en su memoria mientras cruzaban la Castellana.
Lucio conocía las rutinas de Ernesto porque le había acercado más de un viernes al aeropuerto. Voló a la capital de la Costa del Sol, comió en casa con su familia y por la tarde viajó en el Ave a Córdoba para reunirse con un agente comercial. La cita fue concertada por Sofía, la secretaria de don Cándido a la que intencionadamente le encomendó esa tarea junto con la reserva del hotel y los billetes de tren.
Debía simular que pasaba la noche en Córdoba. Se registraría en el hotel y tras esa primera reunión de trabajo cogería el último tren a Madrid. Después de perpetrar el homicidio volvería al hotel en el primer Ave de la mañana. Tendría tiempo de desayunar, reunirse con otra persona y volver a Málaga a mediodía. El plan le parecía perfecto y la coartada también.
Al salir a la calle el portero de la finca, siempre atento a las entradas y salidas del inmueble, le saludó detrás de los cristales de su garita:
-¡Qué !¿a trabajar?, le dijo.
-Sí, pero me voy a Málaga...y por la tarde estaré en Córdoba. Ya sabe, viajando siempre de aquí para allá...
Tiró la bolsa de basura al contenedor situado enfrente del portal y esperó con la maleta a que llegase Lucio para ir al areopueto. Había huelga de taxis, llovía y aprovechó que el jefe se había ido a la ciudad Condal para pedirle que le hiciera ese favor. Le serviría también de coartada.
-Hoy me voy antes a Málaga porque esta tarde tengo una reunión de trabajo en Córdoba, le dijo para que lo retuviese en su memoria mientras cruzaban la Castellana.
Lucio conocía las rutinas de Ernesto porque le había acercado más de un viernes al aeropuerto. Voló a la capital de la Costa del Sol, comió en casa con su familia y por la tarde viajó en el Ave a Córdoba para reunirse con un agente comercial. La cita fue concertada por Sofía, la secretaria de don Cándido a la que intencionadamente le encomendó esa tarea junto con la reserva del hotel y los billetes de tren.
Debía simular que pasaba la noche en Córdoba. Se registraría en el hotel y tras esa primera reunión de trabajo cogería el último tren a Madrid. Después de perpetrar el homicidio volvería al hotel en el primer Ave de la mañana. Tendría tiempo de desayunar, reunirse con otra persona y volver a Málaga a mediodía. El plan le parecía perfecto y la coartada también.
El lunes, después del accidente, cuando voló a Madrid no le fue a recoger Lucio. Le llamó para avisarle de que no podía acudir, pero Ernesto no respondía. Había apagado su móvil cuando embarcó en el vuelo de Spanair que le llevaba del Ruiz Picasso malagueño a Barajas. El avión tuvo problemas “técnicos” cuando se disponía a despegar y tuvieron que esperar más de dos horas a la llegada de otro. El mensaje escueto de Lucio en su buzón de voz no lo escuchó hasta que aterrizó. Cogió un taxi y se presentó en la oficina al mediodía.
Cuando entró por la puerta se dio de bruces con una persona de aspecto osco y serio que no había visto nunca. Le saludó educadamente y se dirigió a la tercera planta. En un momento el inspector, que preguntó al guarda de seguridad por su nombre, le abordó antes de tomar el ascensor.
-Soy el inspector Sánchez y estoy investigando el accidente de don Cándido ¿ Usted es Ernesto Navarro?
-¡Ay! sí,
disculpe, es que no sé de qué me está hablando. ¿El accidente de don Cándido? ¿Qué accidente?
- Si le
parece, vamos a mi despacho y hablamos más tranquilos. Aquí
en el ascensor no es el lugar más adecuado para hablar de este
asunto.
De entrada, le sorprendió que alguién ajeno a la empresa dispusiera ya de un despacho propio y se moviera por las oficinas como si fuera su casa.
De entrada, le sorprendió que alguién ajeno a la empresa dispusiera ya de un despacho propio y se moviera por las oficinas como si fuera su casa.
-Me dice que no sabe nada del accidente de don Cándido, le dijo nada más cerrar la puerta.
- ¿No le han llamado este fin de semana para informarle de los hechos?, le lanzó el inspector.
-¡Pues no!, mintió Ernesto que sabía lo ocurrido por su amigo Carlos que le telefoneó el domingo cuando se enteró de la noticia.
- He tenido el móvil apagado y como voy a Málaga los fines de semana, esta es la primera noticia que tengo ¿qué ha pasado?
El inspector le explicó algunos detalles y el estado de coma en que se encontraba su jefe. Tenía serias sospechas de que no se trataba de un simple accidente de tráfico. Ernesto le contó lo que había hecho desde el viernes hasta hoy. Al policía no le satisfizo la explicación y le dijo que tendría que confirmar algunos detalles de su relato con los testimonios de otros compañeros, incluso de su familia.
Ernesto se dirigió a su despacho tras la breve conversación con el inspector y descolgó el auricular para llamar a su casa. No sospechó que los teléfonos estuvieran pinchados.
- Hola,
cariño. Te llamo para decirte que el jefe
ha sufrido un accidente de tráfico y se
encuentra en coma. La policía parece que duda que haya sido un accidente...
- Bueno, le
contestó su esposa, y eso que tiene que ver contigo...Tú has
estado aquí el fin de semana…Bueno, desde el sábado por la
mañana...
- Sí, sí,
le interrumpió. No hay ningún problema, ya se lo he dicho yo al
inspector...Lo digo por si te
llaman...ya te contaré esta noche desde el apartamento. Un beso.
Tras colgar, llamó a su amigo Carlos, despedido unos meses antes y que le avisó del atropello el domingo. Hablaron de la investigación, de lo que consideraban una caza de brujas y de la conversación que mantuvo con el inspector. Acordaron verse por la tarde para hablar más tranquilos.
A continuación telefoneó a Fermín, un amigo periodista que dirigía un diario digital muy leído en el sector audiovisual.
- Te
habrás enterado del accidente de don Cándido supongo, le dijo.
- Hombre
claro, Ernesto, es que no lees nuestro digital. Es el mejor
informado de todos los medios…No me fastidies. Ya lo publicamos ayer
domingo por la mañana. Luego nos fusilaron todos los medios digitales y hoy lunes los periódicos...
- Es que ha habido alguna novedad...¿la ha palmao don Cándido?
- Es que ha habido alguna novedad...¿la ha palmao don Cándido?
- ¡No! Bueno...creo que no. La verdad
es que no lo sé. Pero no, me habría enterado aquí en la oficina...
Ernesto dudó si contarle que el inspector que estaba investigando los hechos sospechaba que no se trataba de un accidente de tráfico. Al final, se fue de la lengua:
Ernesto dudó si contarle que el inspector que estaba investigando los hechos sospechaba que no se trataba de un accidente de tráfico. Al final, se fue de la lengua:
- Lo que
te quiero decir Fermín es que me extraña que un inspector de policía
esté por aquí haciendo preguntas a todos los empleados. Parece
como si sospechara que el atropello ha sido intencionado...y que lo hubiera
cometido alguno de nosotros. Ya sabes que tenemos
algunos problemas por despidos de trabajadores...pero de ahí a
sospechar que hayan intentado matarle…
-¡No me
jodas! ¿Qué sospechan que se trate de un intento de homicidio?
Eso sería un bombazo…
- Oye,
espera, no vayas a sacar nada todavía. Que esto te lo cuento
off de record por lo que me
ha dicho el policía ese…No saques nada todavía...y si me
entero de algo más te cuento. Llámame mejor al móvil en una hora
y te lo confirmo.
- Vale,
pero esto es un scoop que nos puede dar mucha
credibilidad. Hablamos…
No debió llamar a su amigo, se arrepintió enseguida Ernesto. Lo más probable es que publicara la noticia directamente en su página web, sin confirmarla con otra fuente. Era una práctica habitual en este tipo de periodismo digital que buscaba adelantarse en la publicación de todo tipo de rumores, casi siempre sin verificar.
No debió llamar a su amigo, se arrepintió enseguida Ernesto. Lo más probable es que publicara la noticia directamente en su página web, sin confirmarla con otra fuente. Era una práctica habitual en este tipo de periodismo digital que buscaba adelantarse en la publicación de todo tipo de rumores, casi siempre sin verificar.
Y así fue.
Apenas media hora después de la conversación telefónica publicaban como noticia destacada y en exclusiva esta
información:
EXCLUSIVA
DEL DIARIO DIGITAL
LA POLÍCIA
SOSPECHA QUE CANDIDO DE BLAS FUE OBJETO DE UN INTENTO DE
HOMICIDIO
Según ha
podido saber este diario digital de fuentes solventes, la policía
está investigando la posibilidad de que el accidente del empresario
de la comunicación Cándido de Blas, que se encuentra en esta muy
grave, haya sido intencionado.
Al parecer
un investigador privado está interrogando a los trabajadores de la
empresa para despejar las dudas sobre esta sospecha. Como ya ha
informado este periódico, Candido de Blas había tenido serios
problemas con varios directivos a los que despedió en los
últimos meses. Una de ellas, una periodista con la que al parecer
mantuvo una relación sentimental. Este caso se encuentra pendiente de
juicio por que la redactora lo demandó por acoso laboral y sexual.
Los nervios
en la compañía parecen desatarse como consecuencia de que la
situación actual deja descabezada la empresa y sin control, después de haber
conseguido una importante indemnización de 30 millones de euros. El presidente gobernaba con mano de hierro y sin delegar ninguna tarea por lo que se puede producir una parálisis en su actividad.
El accidente
de tráfico se produjo el pasado sábado de
madrugada cuando fue arrollado por un turismo que se dio a la fuga.
Todavía no se ha localizado ni el vehículo ni su conductor. En el último
parte médico se señala que el herido continúa muy grave, en estado
de coma irreversible.
[Junto a la
información aparecía una fotografía antigua de Candido de Blas, muy sonriente]
La bomba
informativa había sido lanzada y las reacciones en los medios de comunicación no se harían
esperar. Todo lo que habían tratado de evitar la familia y Daniel, su abogado. Pero sólo fue el comienzo...
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