“En el café
de Chinitas dijo Paquiro a su hermano: Soy más valiente que
tú,
más torero y más gitano”
(Federico Garcia Lorca, El Café de Chinitas)
El
análisis del Renault 19
desveló la presencia de huellas en el interior, además de restos de
sangre y golpes en la carrocería que confirmaban a ese turismo como
el causante del accidente. La cerradura del conductor estaba forzada, el cristal roto
y los cables del contacto sueltos, con los que hicieron un puente para arrancarlo.
En el volante, en la palanca de marchas, el espejo
retrovisor y asientos delanteros hallaron huellas de Carlos y Ernesto. Luego
descubrieron otras marcas que no correspondían a ninguna persona fichada. Se descartaba, de esta manera, a delincuentes habituales. Esas huellas
desconocidas aparecían muy claras en la puerta del conductor y en el interior, junto a las
de los sospechosos. Pero, sobre todo, destacaba una más nítida
junto a las manchas de sangre de la parte trasera del turismo. Y no
era ni de Carlos ni de Ernesto.
El
agente que terminó el informe quedó desconcertado porque las
sospechas apuntaban a los dos empleados y sin embargo las
pruebas creaban muchas dudas, según se desprendía de la misma documentación. La huella junto a las manchas de sangre no había sido identificada. El agente llamó
al móvil del inspector Sánchez que se encontraba de viaje por Andalucía:
-
Hola inspector, estamos un poco confundidos porque aparecen varias huellas en el interior sin identificar y que no son de los
sospechosos...Y también fuera, otra muy clara junto a los restos de sangre del
herido que tampoco sabemos de quién es...Desde luego
no corresponden a los habituales ladrones de coches fichados. Hemos repasado todas las bases de datos y no...
-
Bueno, pero de los dos sospechosos también aparecen en el
interior del coche, ¿no?
-
Sí, sí; algunas hay, aunque no son recientes...
-
¡Bueno!, pero están ahí ¿no?
-
Inspector, tenga en cuenta que es su coche y seguro que su amigo
se habrá montado también alguna vez. Me parecen pruebas...con poca consistencia para llevarlos ante un juez y que…
-
No haga especulaciones agente, le cortó.
- Las huellas ahí están y aunque denunciaron el robo del coche puede ser una estrategia para su coartada. Mira, estoy en Antequera y aquí ha ocurrido un caso parecido y han inculpado a los que pretendían engañar a la policía.
- Las huellas ahí están y aunque denunciaron el robo del coche puede ser una estrategia para su coartada. Mira, estoy en Antequera y aquí ha ocurrido un caso parecido y han inculpado a los que pretendían engañar a la policía.
- Usted sabrá inspector, yo me limito a hacer mi trabajo y a contárselo. Le dejo el
informe encima de su mesa y le doy una copia al Comisario.
-
De acuerdo, y si descubren la identidad de las otras huellas téngame
informado.
El
inspector colgó su móvil y reanudó la conversación que mantenía
con un compañero de la comisaría de Antequera.
-
Disculpa, me llamaban de Madrid del caso que estoy investigando que te estaba contando...Me decías que sospechasteis enseguida del denunciante del robo de
su vehículo…
-
Sí, además tenía antecedentes por delitos diversos y había estado
involucrado en otros accidentes de tráfico. Enseguida confesó
cuando le presionamos en comisaría y reconoció que era el
autor del atropello. Además, el supuesto testigo que pretendía
corroborar su testimonio resultó que era su amigo íntimo. Fue muy sencillo sacarle una declaración. Se vino
abajo, porque tenía muchas contradicciones y al final "cantó"...ja, ja, ja…
-
Pero, simuló el robo de su propio coche y luego lo denunció…
-
Sí, pero tras cometer el atropello...y darse a la fuga. Se ve
que se asustó y decidió simular el robo.
-
Claro, en mi caso lo hicieron antes, lo prepararon con tiempo y por eso
va a resultar más difícil demostrarlo...
Los policías aguardaban la llegada del tren en la estación de Santa Ana, en donde se habían citado para charlar de ambos casos y después continuar viaje a Málaga. La nueva terminal del ave distaba unos quince kilómetros de la ciudad del Torcal. Cuando dieron por finalizada la conversación se despidieron con un apretón de manos junto al monumento de bronce “Homenaje al viajero” del artista antequerano Cristóbal Toral. El conjunto escultórico estaba formado por varias maletas antiguas apiladas y que presidía la explanada de entrada a la estación. Las maletas son el elemento más representativo de los viajes y en eso Toral era un maestro, tanto en la pintura como en la escultura.
Los policías aguardaban la llegada del tren en la estación de Santa Ana, en donde se habían citado para charlar de ambos casos y después continuar viaje a Málaga. La nueva terminal del ave distaba unos quince kilómetros de la ciudad del Torcal. Cuando dieron por finalizada la conversación se despidieron con un apretón de manos junto al monumento de bronce “Homenaje al viajero” del artista antequerano Cristóbal Toral. El conjunto escultórico estaba formado por varias maletas antiguas apiladas y que presidía la explanada de entrada a la estación. Las maletas son el elemento más representativo de los viajes y en eso Toral era un maestro, tanto en la pintura como en la escultura.
El
inspector subió al tren con destino a la capital malagueña donde le esperaba otro colega que le acercaría a
Torremolinos. Su intención era comer por allí y entrevistarse con
la familia de Ernesto, por la tarde, antes de volverse en el último ave.
El
trayecto hasta la capital de la Costa del Sol fue breve, apenas media
hora en un recorrido lleno de túneles y viaductos muy largos
con algunas vistas extraordinarias. Lástima que la gran velocidad le impidió disfrutar más del paisaje.
La
nueva estación malagueña se llamaba “María Zambrano”, en
recuerdo de la escritora y pensadora veleña, discípula de Ortega y
Gasset. Estaba como recién estrenada y no se parecía a
la que conoció hace años cuando viajó por primera vez a Málaga.
Fue en los años ochenta, en unas vacaciones de Semana Santa. Entones, al llegar a la
vetusta terminal y bajarse del Talgo, después de cinco horas
de viaje, notó la calidez del clima mediterráneo. Recordaba cómo le
llamó la atención el arbolado interior y la suave
brisa que se colaba entre las rejas de la fachada. Y la luz, el
torrente de luminosidad que se filtraba por la techumbre y los
laterales de las marquesinas que cubrían los andenes. En nada semejante a la enorme acristalada estación del ave que la
había sustituido. Muy moderna, con muchas tiendas y restaurantes, parecía un gran centro comercial. Aquella, sin embargo, la evocaba con más encanto, donde se escuchaba el trino de los pájaros que revoloteaban por los andenes.
En veinte minutos llegaron a la Carihuela. Querían comer en un chiringuito hasta
la llegada de la esposa y los hijos de Ernesto. Su compañero le
mostró el largo paseo marítimo que se extendía desde unas rocas en donde rompían las olas hasta Puerto
Marina en Benalmádena. Un bello
puerto deportivo que simulaba una pequeña Venecia, con
puentes que daban acceso a los apartamentos lujosos junto a restaurantes, tiendas y barcos atracados a
su puerta. Una estampa muy turística pero que en este último sábado de
noviembre apenas tenía visitantes. La jornada soleada resultaba muy agradable para pasear cerca del mar o comer en una terraza
pegada a la playa.
Los dos policías se sentaron en un sencillo "chiringuito" construido en madera. El inspector envidió la
suerte de su compañero por vivir en un lugar tan agradable, con ese clima tan benigno.
-
Esto de comer en la misma playa, con este sol y esta temperatura es
todo un lujo...
-
No lo sabe bien inspector…Hasta que no regresé a Málaga no paré. Me pasé
diez años en el País Vasco y no sabe las ganas que tenía de
volver.
-
Me lo imagino…
-
Yo soy de Ronda, no sé si la conoce…
-
No, la verdad es que he oído hablar muy bien pero no he estado…Te
prometo visitarla cuando me jubile…
-
Tiene que venir, me parece la ciudad
más bonita de Andalucía. No exagero. Allí tengo a mis padres y me escapo
cuando puedo. Aunque me he habituado a vivir en la
costa, cerca del mar, por la luz...Estamos allí, al otro lado de la bahía- le señaló con el
índice-, en Torre del Mar.
-
Tiene que ser una gozada vivir aquí, sí. Ya te digo, cuando me
jubile, que me queda poco, te prometo que volveré...Seguro que aquí, además, estará
todo más barato...
-
Bueno, ya no tanto...La casa y la comida son quizás algo
más asequibles que en Madrid.
- Seguro...
- Seguro...
Mientras
hablaban de las bondades de la zona degustaron
unas sabrosas sardinas que llamaban espetos. Estaban insertadas en unas cañas, a modo de estoque, con las que
se asaban lentamente a la brasa para soltar la grasa. El fuego se montaba sobre unas típicas barcazas, pintadas de colores y
colocadas a pleno sol en la arena de la playa. El espetero
encargado de prepararlas se cubría la cabeza con un sombrero
de paja, ajeno al calor y a la humareda. Luego
siguieron comiendo unos pescaítos fritos
también típicos de la Costa del Sol, unos boquerones victorianos y
otros pescados pequeños muy frescos y sabrosos. Todo ello regado con unas
cervecitas.
A los postres recibió la llamada de Ernesto que le anunció que su esposa e hijos se encontraban ya en la Carihuela, en la heladería San Miguel, en mitad del paseo marítimo. Le esperarían sentados en la terraza. Pagó la comida y quedó con su compañero en el mismo restaurante para volver a la estación.
La familia de Ernesto le
recibió con mucha frialdad. Lo normal dadas las circunstancias y el motivo de su visita. Se
sentaron, pidieron un café y unos helados. El
inspector intentó tranquilizarles diciéndoles que no tenía sospechas de su marido,
pero que debía confirmar lo que había declarado. Les mentía pues era uno de sus principales sospechos. No hubo sorpresas. Le repitieron punto por punto lo declarado en Madrid por Ernesto. Se notaba que
lo habían preparado.
-
Y a usted no le sorprendió que su marido se fuera a Córdoba
el mismo día que llegó de Madrid y que pasase la noche hasta
el día siguiente por la mañana…
-
No, ¿por qué? Eso es muy normal en el trabajo de mi marido. Casi todos los viernes, incluso algún jueves, vuelve de
Madrid y asiste a alguna reunión por aquí...
- Unas veces en Málaga, otras en Marbella, o en Almería, o en Sevilla…Vamos, en cualquier ciudad de Andalucía. A veces se queda a dormir fuera y otras regresa a casa el mismo día por la noche. Depende del trabajo que tenga…
- Unas veces en Málaga, otras en Marbella, o en Almería, o en Sevilla…Vamos, en cualquier ciudad de Andalucía. A veces se queda a dormir fuera y otras regresa a casa el mismo día por la noche. Depende del trabajo que tenga…
El
inspector no pudo obtener más información de su esposa ni tampoco
de los hijos. No le ayudaron, era perder el tiempo. La entrevista duró media hora. Total, que al final no sacó nada en
limpio de este viaje. Ni en Córdoba ni en Málaga...
La investigación tendría que intensificarse si quería aportar algo más contundente para inculpar a los sospechosos.
La investigación tendría que intensificarse si quería aportar algo más contundente para inculpar a los sospechosos.
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