“…es
pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría
todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de
azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos
de cristal negro”
(Juan Ramón Jiménez, Platero y yo)
La
familia estaba muy nerviosa y preocupada. El último
informe médico les daba escasas esperanzas de recuperación. En el
mejor de los casos, les dijeron, quedaría en estado vegetativo y sin posibilidad de
recuperar el movimiento. De nada habían servido los cuidados de enfermeras y especialistas. El cerebro se encontraba muy dañado por el golpe y tampoco aconsejaban una intervención de momento.
Daniel,
mientras tanto, tomó la iniciativa y decidió publicar varios anuncios en la prensa de tirada nacional. El Pais, El Mundo, ABC y La Razón insertaron a página completa un texto en el que se solicitaba la colaboración
de los ciudadanos para identificar al conductor del atropello. En las emisoras de la capital también programaron cuñas en
las que se ofrecía una suculenta recompensa para quien diera alguna pista para esclarecer los hechos. El alarde en los medios de comunicación les
costó más de cien mil euros. Parecía el
último cartucho del abogado ante el nulo avance de
las investigaciones por parte de la policía.
El inspector pretendía inculpar a Carlos Ferrín aún sabiendo que sus pruebas eran poco consistentes.
Respecto a Ernesto debía rastrear la compra de billetes del ave por internet. Verificaría la posible
adquisición por la web de Renfe de la ruta Córdoba a Madrid y vuelta. El policía se desayunó con los anuncios en los periódicos. Le pareció un derroche innecesario porque era partidario de
incriminar directamente a Carlos y continuar con las investigaciones
sobre Ernesto.
Se lo comunicaría a Daniel el mismo lunes. También necesitaba mantener un intercambio de
información con el abogado para que le contase los entresijos de
la empresa. Y sobre todo, que no se produjesen
actuaciones sin consultarle. Como esa de inundar los
periódicos de anuncios en busca de pistas que le dejaba en muy
mal lugar. El descanso del fin de semana no le calmó lo suficiente.
Todo lo contrario, no hizo mas que darle vueltas a la situación y estaba dispuesto a abandonar la investigación si
Daniel o la familia no aceptaban sus criterios.
En sus años en el cuerpo de policía, con más de treinta de oficio,
no admitió interferencias en su trabajo.
La
reunión con Daniel se retrasó esa mañana porque el abogado había salido de la oficina. Sofía, la secretaria, le comunicó que volvería en una hora. Recibió una
llamada urgente de un colega, que representaba a una multinacional de
comunicación, muy interesado en sondear la posibilidad de que la
familia aceptara una oferta para vender las empresas.
La conversación con su colega transcurrió por estos cauces:
La conversación con su colega transcurrió por estos cauces:
-
Hombre Javier ¿cómo podéis pensar en comprarnos en
estos momentos?
- No te enfades...
- Es que sólo han pasado diez días del accidente...y en la situación que se encuentra don Cándido... y el estado de ánimo de la familia...
- No te enfades...
- Es que sólo han pasado diez días del accidente...y en la situación que se encuentra don Cándido... y el estado de ánimo de la familia...
-
Daniel, nosotros somos meros intermediarios. Tú sabes bien que
nuestra compañía ha estado siempre muy interesada en adquirir
sus empresas.
- Pero quizá, no es el momento...
- Bueno, ya se le hicieron unas ofertas cuando estaba vivo…Bueno, perdona, cuando estaba al frente de…Ya me entiendes. Seguro que la familia conoce las cifras que se manejan…
- Pero quizá, no es el momento...
- Bueno, ya se le hicieron unas ofertas cuando estaba vivo…Bueno, perdona, cuando estaba al frente de…Ya me entiendes. Seguro que la familia conoce las cifras que se manejan…
-
Pero podías esperar por lo menos un poco, ¿no?
-
¿Para qué nos vamos a engañar? Sabemos que la familia se está
planteando la venta y me parece normal. Sólo te pido que se lo transmitas a
Elisa. Y si te parece nos vemos la semana que viene.
-
Vale, no te prometo nada porque tendré que buscar el momento
oportuno y ahora la cosa está muy mal…
-
¿Ha empeorado?
-
Sí, hay pocas esperanzas...No puedo decirte nada más. Disculpa
que me esperan para una reunión.
-
Entones te llamo la semana que viene y me dices algo ¿no?
-
Vale, hasta la semana que viene.
El
inspector esperaba ansioso en una sala contigua al despacho de
Daniel. Sofía le hizo entrar cuando regresó el abogado:
- ¿Cómo van esas investigaciones, alguna novedad?
- Desgraciadamente no. No he sacado nada en limpio de mi viaje a Málaga. Parece como si hubieran preparado la coartada a conciencia…
- O a lo mejor es que no hay nada…
- Ya veremos, tengo que hacer unas comprobaciones…
- ¿Y Carlos?
- Yo soy partidario de incriminarlo y presentarlo ante el juez, para ver qué pasa…
- Mejor esperar a disponer de más pruebas…¿no?
- ¡Ya! O a que me vuelvan a dejar con el culo al aire…
- ¿Cómo?
El
ambiente de tensión se palpaba en el ambiente. La respuesta del
inspector, muy desairada, no le gustó a Daniel. Y especialmente en estos momentos tan críticos. El inspector continuó sin
pestañear:
- Porque si no me cuenta todo lo del juicio, las implicaciones del detective privado y el juez... Así es difícil que pueda avanzar en la investigación. Y para eso mejor lo dejo...
- Mire inspector, se puso muy serio Daniel. Del investigador privado no puedo decirle nada porque forma parte del secreto profesional y le aseguro que eso no tiene nada que ver con este accidente. De lo demás, usted es el experto.
- Ya, pero...
- Déjeme, por favor. Yo sólo le pido que si acusa a alguien, máxime si se trata de un ex empleado, necesitamos pruebas contundentes para no quedar en ridículo y darle bazas a la prensa para que se ceben otra vez con nosotros. La familia no está para más escándalos en los medios de comunicación.
- No estoy seguro de eso, le replicó también muy serio el inspector. Sobre todo, a la vista del despliegue de anuncios de este fin de semana...
- Me parece -continuó el policía- que debo saber todo lo acontecido en esta empresa en los últimos meses y sobre todo lo relacionado con el juicio y el pago millonario, porque ahí podríamos tener una causa y una motivación muy clara.
- Bueno, si insiste, le daré el nombre del investigador privado y hable usted con él. Ya verá como no tiene donde rascar…
- Bien, eso lo decidiré yo...Entonces, concluyó, comprobaré un par de informes y procederemos a detener a Carlos y lo presentaremos al juez como imputado.
- Téngame informado, se despidió Daniel al que no le gustó cómo se desarrollaron los acontecimientos.
Le desbordaba esta situación porque no era un abogado especialista en derecho penal, lo suyo eran el mercantil y civil. Ahí se movía como pez en el agua.
La
familia se reunió para comer con Daniel. Se citaron en un restaurante próximo al hospital. La
cara de Elisa mostraba el cansancio de los últimos días y el pesimismo por las noticias que le transmitían los
médicos. Los hijos, Vero y Cándido junior, también parecían agotados.
Les contó la entrevista con su amigo Javier, el abogado que trabajaba para una multinacional interesada en comprar las empresas.
Elisa no tenía ganas de hablar pero le dijo que
les sondeara porque era partidaria de aceptar una buena oferta, dejar
los negocios y centrarse en la salud de su marido:
- No quiero hablar ahora de dinero, pero que nos hagan una oferta para ver si van en serio o no...
- No quiero hablar ahora de dinero, pero que nos hagan una oferta para ver si van en serio o no...
- Y sobre
todo, Daniel, mucha discreción. No queremos salir más en la
prensa. Que bastante hemos aparecido el fin de semana con los anuncios.
- ¿Qué te ha parecido la idea?
- No sé si ha sido...Lo siento Daniel, pero no se habla de otra cosa en los medios…Y sobre todo, la policía entonces para qué está…
- Sí, la verdad. Discúlpame si no te ha gustado…Me pareció oportuno porque veía que el inspector no estaba avanzando nada y lo hice…¿Quieres que contratemos un investigador privado por nuestra cuenta?
- Déjalo Daniel, no hagamos más ruido. A lo mejor, después de todo, no ha sido más que un simple accidente, uno más…No sé, no estoy en condiciones de pensar. Lo dejo en tus manos. Tú sabrás qué hacer...
- ¿Qué te ha parecido la idea?
- No sé si ha sido...Lo siento Daniel, pero no se habla de otra cosa en los medios…Y sobre todo, la policía entonces para qué está…
- Sí, la verdad. Discúlpame si no te ha gustado…Me pareció oportuno porque veía que el inspector no estaba avanzando nada y lo hice…¿Quieres que contratemos un investigador privado por nuestra cuenta?
- Déjalo Daniel, no hagamos más ruido. A lo mejor, después de todo, no ha sido más que un simple accidente, uno más…No sé, no estoy en condiciones de pensar. Lo dejo en tus manos. Tú sabrás qué hacer...
En verdad
Elisa tenía razón. Confiaba plenamente en Daniel que, además de amigo de la familia, era considerado
como uno de los mejores abogados mercantiles de Madrid y posiblemente
de España. Doctor, profesor en la Universidad y con un despacho de diez letrados a sus órdenes que se dedicaba casi en
exclusiva a sus empresas. Por eso la idea de venderlas no le atraía demasiado. A menos, eso sí,
de que obtuviera una buena comisión que le retirara anticipadamente. Ya consiguió un buen pellizco con el anterior juicio y si mantenía el porcentaje en esta
nueva operación podría retirarse a los cuarenta y ocho años. Luego, sin embargo, pensó
que la venta no le agradaría nada a don Cándido, lo conocía muy bien. Si llegara a
recuperarse...
En la
preparación, desarrollo y desenlace del juicio millonario fue
decisiva su estrategia junto con las declaraciones e informes de varios empleados. Las pruebas que se
presentaron fueron ideadas por él y aportadas por varios
directivos que recorrieron el país
recopilándolas. Los informes de Carlos y su testimonio resultaron determinantes en la vista
oral para aumentar en varios millones la cuantía de la pena. Ernesto y
Pepe elaboraron también dosieres, fotografías y requerimientos
notariales que convencieron al tribunal. Pero Daniel fue quien orientó toda la batería de pruebas y las supervisó,
además de llevar directamente el juicio. Su triunfo contribuyó a afianzar
su relación tan estrecha con el jefe. Se podía decir que era la única persona
en la que realmente confiaba don Cándido. Por eso no quería traicionarle…y albergaba muchas dudas sobre la venta de las empresas.
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