sábado, 15 de septiembre de 2012

BESOS DALTÓNICOS

            Bajo este título voy a publicar un extenso relato en sucesivos post numerados bajo el título de Besos daltónicos ( o la ilusión de matar al jefe) en donde contaré de forma novelada parte de una historia, en algún aspecto real y en otros muchos ficticia. Cuando la escribí hace más de cinco años supuso un desahogo personal. Hoy, sólo un recuerdo...


                         Besos daltónicos ( o la ilusión de matar al jefe)


                                                                         (1)  


                               “El escritor que intenta mejorar la sociedad en la que vive, que intenta colaborar en la medida de sus fuerzas para que esta sociedad se desperece de su siesta permanente y eche a andar hacia delante se encontrará con que lo que hace no es grato o es molesto y a veces profundamente ofensivo”
                                                                                (Ignacio Aldecoa)




Ernesto no se lo pensó dos veces. Aquella misma mañana cuando escuchó la conversación del director de personal con el presidente de la compañía intuyó que sus horas en la empresa estaban contadas. Tenía que pasar a la acción. Se acumulaban demasiados precedentes para albergar alguna duda sobre su futuro. Por eso, la decisión estaba tomada. Mataría a su jefe.
No podría soportar un nuevo despido-que consideraba injusto-en su trayectoria profesional y en su estado anímico. Apenas se había recuperado de su anterior tropiezo laboral y tras seis años al frente de un bello proyecto se sentía en la misma tesitura que le llevaron a engrosar las filas del Inem años atrás. Su autoestima y seguridad profesional podrían verse, de nuevo, seriamente dañadas. Y una nueva recaída… ¿cómo se lo explicaría a sus hijos, a su esposa…? Sólo de pensarlo le recorrió un escalofrío por la espalda que le nubló el pensamiento.
Sí, pasaría a la acción. Lo había meditado muchas veces en sus largas y solitarias noches en el apartamento que ocupaba en Madrid. Incluso lo había puesto por escrito en un diario íntimo que recogía sus andanzas personales y profesionales. Era su conclusión a los acontecimientos que llevaba vividos en los últimos meses. Parecería un accidente de tráfico, de los que a diario suceden en cualquier ciudad. Conocía los hábitos y manías de su jefe. No en vano llevaba más de seis años trabajando a su lado. Sólo tendría que buscar el momento propicio y la coartada segura que creía haber diseñado con inteligencia.
Esa misma mañana, después de escuchar lo que creyó su sentencia de muerte laboral, se encerró en su despacho y no pudo aguantar un hondo llanto. Su obsesión por acabar con quien causaba esa zozobra le hizo superar esta nueva crisis anímica. Habló con Sofía, la secretaria y mano derecha del jefe. Con la excusa de preparar una reunión de trabajo ésta le informó de que el viernes asistiría a la entrega de los Premios Ondas. Los galardones se celebraban en la ciudad condal y los invitados eran trasladados por la organización en vuelos especiales. El regreso tendría lugar de madrugada. Era el día perfecto, solo debería completar su plan de acción.

2 comentarios:

  1. Esto promete, amigo. No tardes mucho en seguir con el relato. Besos daltónicos, claro.

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  2. Gracias amiga, aunque es mi primera incursión en la novela(siempre me ha dado mucho respeto la literatura) intentaré no defraudar. FELICES SUEÑOS ( DALTONICOS, claro)

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